viernes, 22 de abril de 2011

Esperando… Fingiendo que hago algo normal como… cocinar.

-¡Joder!

La gota de sangre dibujó un surco bajando por su muñeca. En los labios de Nico se instaló una sonrisa irónica. Tenía cierta gracia que un pirado asesino fuera atacado por un abrelatas.

Lua estaba haciendo un trabajo con los de su clase. Y como ya se ocuparía Ángel de inventarse un nuevo tipo de jeroglífico sueco para retenerla hasta la noche, Nico tenía toda la tarde libre para pelearse con una lata de anchoas. En honor a Piet iba a preparar una pizza de esas con copete. Su hermano era experto en inventar nuevos ingredientes, daba igual lo que hubiera en la nevera, todo servía para acompañar a las anchoas.

A Nico siempre le había fascinado la capacidad del pequeño Matziev a la hora de adaptarse. Nunca se atascaba demasiado tiempo con un problema, sabía encontrar un camino, un atajo, una nueva posibilidad… Sólo tenía que sonreír, bromear y darle la vuelta al problema. ¿Que no había nada para ponerle a la masa de pizza? Entonces todo se convertía en un ingrediente en potencia.

Desde luego era un chico con recursos.

-¡Hasta mañana chicos!

-Lua, ¿no te vienes a tomar una caña?

-¡Hasta mañana, Ángel!

Lua echó a andar alejándose del grupo de estudiantes y de la universidad. Por fin.

Como casi todos los días subió la calle hacia la casa de Nico, donde últimamente pasaba más tiempo que en la suya propia. La luz de las farolas y los cuatro coches de turno. Un gato. Una pareja.

Lua sacó el móvil de la mochila cuando paró ante el primer semáforo. Lo encendió. Tenía cuatro llamadas perdidas, ¿Nico? Marcó su número. Cuatro tonos. Estaba a punto de colgar cuando contestó la voz de Nico, demasiado trémula para él. Lua tuvo que contener la respiración.

……

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